Imagen
 
Desaparecidas muertes para la muerte | Amoris | Narcisiones | Currículo Literario | José-Christian Páez | Boceto por una joven muerte | 666 hijos de la ceguera | La tragedia de los bebés apátridas que viven en España
 
Boceto por una joven muerte
   
 
Imagen
Boceto por una joven muerte, Editorial La Noria, Santiago de Chile, 1986, 32 pp.


Selección de comentarios

Es difícil sobresalir entre tantos y tantos poetas chilenos jóvenes. Al crítico le cuesta ver claro en la multitud, a veces pareja y sin mayor, relieve, de quienes publican sus primeros versos. Cuando encuentra un poeta distinto y valioso, interesante al menos, se alegra y desea compartir su hallazgo.
Es lo que me sucedió con José-Christian Páez y su "Boceto para una joven muerte" (Editorial La Noria, Santiago, 1986). El libro -breve, muy bien presentado, aunque con una falla en la secuencia de poemas y títulos- contiene una Introducción y dos poemas, "La inundada" y el "Boceto", que da su nombre al conjunto.
Las palabras parecen haber sido escogidas con cuidado, casi excesivo. Varias son creación del autor, especies de neologismos nada ingratos: sencillados, estatuados,. circunspicencia, resurreccionario. Es un esfuerzo para llegar a la expresión directa y no repetida, superadora de muletillas y lugares comunes.
También las imágenes sorprenden por la relación inesperada que a menudo encierran. "Me corroe un temblor de mandarinas verdes", dice el autor en cierta oportunidad.
Se está ante poemas de amor, si se quiere ante un poema de amor en dos partes. Sí, pero la amada es bien peculiar, se llama Chile, es nuestro país:
"a quién entregar mis caricias
si amo tus senos desérticos
tu cintura de valle central
y tus largas piernas despedazadas
por la soledad de los hielos".
La amada está herida de muerte, la han llenado de cruces, sus ríos son sangre, "las aventuras mueren y también la libertad". El tono es de lamentación. Hay una suerte de elegía a la patria atormentada y amada. Sin retórica de sobra, José-Christian Páez muestra las llagas, se duele, interpela. A veces describe, a veces dialoga, a veces narra.
Después de la muerte, la promesa. La juventud tiene la palabra. Es una palabra inesperadamente positiva, alegre: "Reiremos/ el viento nos vendrá a besar como siempre, te lo prometo". Y más todavía: "Venceremos/ El amor triunfará".
Poemario distinto, terso, dolido pero no truculento, siempre con hondura. Un Boceto bien perfilado, de poesía cabal.
José-Christian Páez es poeta de verdad.

Montes Brunet, Hugo. "Boceto por una joven Muerte". La Tercera, Segundo Cuerpo, Santiago de Chile, 25-I-1987: p. 14.


Volumen de cuidadosa realización y versos de gran calidad es esta "opera prima" de un joven poeta de 23 años.
En tiempos en que publicar poesía parece una locura, este muchacho entusiasta y sensible nada en contra de la corriente y se arriesga a una aventura, sólo sustentada en la seguridad de que su trabajo es bueno y, más que eso, absolutamente digno de darse a conocer. En eso estamos de acuerdo. Pese a su juventud José-Christian Páez demuestra madurez, un estilo propio y una definición de propósitos. Su libro -si bien breve- tiene profundidad, consistencias delicadeza. En versos fuertemente expresivos canta al amor, la libertad de espíritu y a la vida, como fuente de sentimientos y emotividad.
Texto de afectos, ternuras y promesas, de pronto adolescente, de pronto adulto. En algunos pasajes se revela nítidamente una alma joven e inquieta, y en otros, la transición a una madurez, quizás no deseada todavía, pero inevitable.
Tras la lectura de estos versos, resulta imposible no compartir la devoción de¡ autor por el amor y por aquellos valores esenciales de¡ alma humana. Y también resulta imposible no compartir el compromiso por la belleza y la nostalgia de todo lo que marca, a fuego, nuestras existencias.
El propio autor se define a sí mismo como perteneciente al "... extraño género de los llamados poetas, seres peligrosos para la humanidad, porque suelen hablar del amor y, además, aman la libertad".

Velis Meza, Héctor. "Boceto por una joven muerte";. La Revista del Mundo Nº 32, Santiago de Chile, 4-IV-1986: p. 23.
Imagen

El 8 de agosto de 1993, el país volvió a conocer, luego de décadas de aburrimiento, una denuncia artística sabrosa, contundente. Todos supieron del plagio de Raúl Zurita (otrora el mejor poeta de Hispanoamérica) al poeta norteamericano Bob Dylan. El ambiente literario quedó por unos días sin respirar, ingrávido: ¿qué va a decir el aludido? ¿habrá tal vez un duelo con pistolón y todo? El autor del estudio y la denuncia es José-Christian Páez (1962), poeta, investigador, dinamita humana cuando se trata de quitar la cortina a hechos que perjudican la salud cultural chilena.
José-Christian Páez pertenece a los intelectuales serios, con la dosis justa de legítimo deseo de destacar, concienzudo, apertrecha el dato preciso, el acierto espontáneo del que analiza, se pasea con paciencia por los corredores bibliográficos, por las gangas libreras, carga baterías, dirige el mortero y ¡Boom! Vuelan plumas de ganso y de las otras, todo esto luego de afanoso y horas de meditación. Páez acostumbra a vestir con elegancia, a usar un peinado rigurosamente ordenado (cosa que en mi caso no sucede) y acostumbra a escribir bien, usa la pluma con talento. Ha publicado: "Boceto por una joven muerte"; (1986) y dos folletos poéticos, "El sueño de Letrán" y "Amoris". Recuerdo que alguna vez el autor de "Palomita blanca" dijo de Páez y su obra: "incoherente y pretencioso" para finalmente lapidarlo en apenas 12 mini estrofas con un simple: "¡al acantilado!". No me extraña esta crítica y final chato. Enrique Lafourcade siempre ha odiado leer literatura joven, el relevo le duele.
Lo real y cierto es que "Boceto por una joven muerte" es un libro que ha ido conquistando su espacio, que utiliza la técnica del escritor elevado, la profundidad simple, la imagen generosa, incluso la visión futurista de acontecimientos: "Por fin la herida larga ya no es un peso en el mundo, sino un brote/ resurreccionario que ya opaca la mancha y apaga la maldición./ Reiremos/ El viento nos vendrá a besar como siempre, te lo prometo:/ Venceremos/ El amor triunfará". Un años después Páez ganaría el primer lugar en el concurso de poesía para celebrar la primera y única visita del Papa a Chile y este usaría como lema: "El amor es más fuerte".
José-Christian nos entrega sentimientos, por sus versos circula la impaciencia del que sólo aspira a ver amor recorriendo sus venas a pesar del sufrimiento: "Dime amada mía destrozada/ quebrantadora de sueños de ilusiones/ cómo se puede entregar el alma/ si aún espera encendida al amor que murió".
Bien por la poesía chilena, los poetas se están nuevamente agrupando y tomando posiciones, ha costado recuperar el terreno perdido, escritores como José-Christian Páez (entre otros) están avivando la cueca, haciendo retroceder el ocio para dar cabida a la confrontación de ideas y conceptos enronchadores.
El camino es largo y angosta la puerta, no hay que temer a las caídas. Después de todo, los únicos que jamás se equivocan son los que nada hacen, y de esos también tenemos suficientes.

Chandía Fica, Bernardo. Un escritor llamado José-Christian Páez. El Siglo, Santiago de Chile, 6-VIII-1994: p. 16.
Generación
Imagen
Comentario realizado en la audición del programa "Mundo Literario" de Radio Nuevo Mundo, CB-93 AM, el 22 de noviembre de 1987, (20.45 horas). Rescatado y corregido por José-Christian Páez:
En 1922 escribía Giuseppe Ungaretti, el poeta italiano nacido en Alejandría: "El misterio existe y está en nosotros. No hay que olvidarlo. El misterio existe y con el misterio, bajo el mismo aspecto, la medida. No la medida del misterio, los que es humanamente insensato, sino la medida de alguna cosa que, en cierto sentido, se opone al misterio siendo, al mismo tiempo, para nosotros, su más alta significación: el mundo terrestre considerado como una invención continua del hombre". Hasta aquí la extensa cita de un gran poeta que reflexionó sobre su oficio, porque a ello lo forzaba su obsesión por lo que él denominó el misterio y porque asignaba al hombre una acción, o sea, una responsabilidad continua en la creación, la diaria creación del mundo terrestre.
Nada menos que eso, nada menos, sería una tarea de los poetas. Porque, agrega Ungaretti en otro escrito teórico: "técnica, sensación, lógica, sueño o imaginación y sentimiento, todas esas cosas no tienen ningún sentido para nosotros si, simultáneamente, ellas no reciben de un poeta una vida objetiva en palabras que canten". Hay aquí toda una estética: "en palabras que canten", es decir, postula Ungaretti un "arte artístico" -como habría dicho Ortega- una decidida oposición al feísmo, una búsqueda y creación permanentes de belleza.
Todas estas prestadas meditaciones cumplen el propósito de introducimos en la obra de dos jóvenes poetas nuestros: José-Christian Páez y Bárbara Délano.
Boceto por joven muerte titula a su libro José-Christian; El rumor de la niebla, Bárbara. Editados el uno en Santiago de Chile; en Montreal, Canadá, en edición bilingüe castellano-francesa, el otro.
Ambos se empinan sobre la veintena y hay que agregar de Bárbara que pertenece a una estirpe de escritores: su abuelo paterno, Luis Enrique; su padre, Poli, narradores ambos de sólido prestigio. Muerto hace poco el primero; activo y en plena creación, el segundo.
"Estas humedades que temblaron en algún rincón/ aún se han quedado despiertas con el caer de la luz", es Páez quien nos habla. Nos hallamos en pleno misterio. Pero José-Christian Páez también nos habla de los amores, de las relaciones que se anudan y desanudan: "Aunque seas una línea eterna inexistente/ en el papel de los hombres/ aunque tu nombre sea una palabra difunta/ en el registro civil de la prehistoria;/ Sigo esperándote en todas las esquinas [...] Y, más adelante, dejará constancia: "me corroe un temblor de mandarinas verdes".
Bárbara, por su parte, nos dice: "La memoria es un cadáver que se incendia/ para siempre en la llanura". Y como una constatación: "Quién dijo que las flores no irían a la muerte".
A uno como a la otra, les obsesiona el tiempo. Dice Bárbara: "El fondo del tiempo es/ una botella perdida que/ se enlaza con algunas fotografías tristes". "Ya nadie -dice Christian- buscará en los cristales la eternidad porque lo perenne muere con ella", y agrega: "la noche como el tiempo/ viene y va y se esconde/ y yo me quedo/ sintiendo este vacío/ y un pulular de gaviotas".
Poesía, más que joven. Toda poesía, aun la más madura, es joven porque es estupor renovado ante la persistencia del ser. En estos dos poetas nos hallamos en la presencia de una mirada que se contempla en el mundo y se reconoce angustiada. Poesía marcada por la contingencia, pero en que las intuiciones, las búsquedas en ese estado insomne del poeta vidente, del poeta testigo comprometido con lo esencial del hombre y del mundo, han encontrado un expresión eficaz.
Desgarramiento existencial en Christian Páez: "Entonces la inundad me vino a gritar que yo ya no estaba/ y traspasando mi visión me vino buscar al respaldo de/ mi luz/ me quedé como se han quedado todos frente a ella/ estatuados dormido buscadores luz adentro/ lámpara afuera/ la inundada fría y profunda apagada/ contagiosa recibe en su lecho; huesos y días carnes/ y deseos de la vaguedad promiscua de la materia".
Presencia solitaria de la muerte en Bárbara Délano: "Otra vez hallaremos rotas/ las piezas del calendario otra vez/ daremos vueltas sus hojas ocres al compás del/ sistemático golpe tras el vidrio./Aldea gigante roja mundo/ ¡Déjame caminar por el piso de vidrio/ para ver el fondo/ donde los cadáveres arden! También mañana/ nuestras insignificantes hojas de nuevo/ bajarán a su ritmo/ Eterno tamborileo". "El tambor de los muertos " se titula esta bella pieza de la que hemos citado parte.
Si alguien se pregunta, o sale a la calle a preguntar, por el porvenir de las letras chilenas, de la poesía chilena en particular, nosotros nos permitiríamos responder con estos poetas. Como con Ricardo Rojas Behm, con Esteban Navarro y Mauricio Redolés, para mencionar sólo algunos.
La poesía tiene el porvenir del hombre, de su dramática peregrinación de una señal a otra señal del tiempo. La poesía está amarrada al hombre y a sus circunstancias, a su historia que hace y lo deshace, que él proyecta y que termina por convertirlo en una colección de preguntas que se van, unas marchitando, otras vivificándose como una eterna presencia.
El rumor de la niebla, Boceto por una joven muerte, ¿pesimismo vital? No, más bien, responsable actitud de dos jóvenes escritores que no pueden asumir su mundo, su existencia, todo aquello que los rodea (herencia cultural, urgencias del hoy, apetencias de siempre), sin ahondar en los significados, sin incorporar sus derechos y sus angustias.
Vocación de testimoniarse porque así testimonian de todo y de todos. Misión que, de asumírsela con rigor y verdad, se convierte en activa y sugerente aportación al patrimonio de todos. Porque ya nadie recuerda las batallas en que se distinguió Sócrates, pero sí sus palabras, transmitidas por sus discípulos y que aún resuenan en nuestros oídos ávidos de verdades o, al menos, de seguros senderos hacia esas verdades.
"Comprendan -escribía Walt Whitman- que no pueden, ustedes, tener en sus escritos ninguna cualidad que no posean en sí mismos. Comprendan que no pueden impedir al signo de vuestro vicio o de vuestra mediocridad mostrarse en lo que ustedes escriben".
Llamado a desnudarse, a esa suerte de impudicia que toda auténtica poesía debe poseer. Invitación a exhibirse en todo su desgarramiento, a mostrar el mundo a través de una mirada que no se cierra, púdica o temerosa, ni ante los más impenetrables e insolubles misterios de lo creado, lo existente.
Bárbara Délano y José-Christian Páez nos parecen dispuestos a ese sacrificio, a esa actitud; y concientes de que la depuración de su oficio, el dominio del buril del poeta, debe ir a la par de la meditación y eso que don Miguel de Unamuno llamaba el enmimismamiento, lo que no tiene nada que ver con un encerrarse en sí mismo sino, al contrario, hacer entrar el mundo en sí y molerlo en la muela del molino hasta que salga convertido en símbolo nutricio.

Quilodrán, Fernando. "Boceto por una joven muerte" y "El rumor de la niebla". Pluma y Pincel Nº 178, Santiago de Chile, enero de 1998: p. 40.

 
Contacto con el autor
Escríbeme a jchpaez@gmail.com o visítame en www.jchpaez.com